SEPTIEMBRE 1999

Asesinadas en nombre del honor

Amnistía Internacional revela que cada año cientos de mujeres mueren en Pakistán acusadas de deshonrar a su familia

SOLEDAD ALCAIDE , Madrid

no3_sp99.jpg (10534 bytes)Dos mujeres paquistaníes que sufrieron
torturas a manos de sus maridos (Reuters).

A Ghazala, una joven paquistaní, la mató el honor de su familia. Su hermano le prendió fuego en enero porque sospechaba que mantenía una relación ilícita con un vecino y eso deshonraba a sus familiares. Como ella, según denunció ayer Amnistía Internacional (AI), cientos de mujeres mueren cada año en Pakistán a manos de sus familiares por crímenes cometidos en nombre del honor y de la tradición. Una acepción que incluye la intención de divorciarse del marido, casarse con el hombre de su elección o tener una relación ilícita.

También ha habido asesinatos de mujeres que habían sido violadas. Jamilla, una joven con retraso mental de 16 años, murió a tiros en marzo pasado cuando el consejo de ancianos de su tribu se enteró por la policía de que había sido violada. El dictamen no tuvo vuelta atrás: debía morir porque había llevado la vergüenza a su tribu.

El informe Pakistán: Mujeres víctimas de homicidios cometidos en nombre del honor recoge datos de la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán, según los cuales sólo en la provincia de Punjab se produjeron el año pasado 286 asesinatos cometidos en nombre del honor. Amnistía denuncia que el problema que subyace es que la mujer es una simple mercancía en Pakistán. "La mujer representa el honor del hombre al que pertenece y como tal debe preservar su virginidad y castidad. Si se percibe que participa de una relación sexual ilícita, la mujer mancha el honor de su guardián y el de su familia. Se convierte en una kari y pierde el derecho a la vida".

En muchas comunidades, una kari no tiene más alternativa que ser castigada con la muerte. Además, el marido tiene la obligación de matar también al hombre -al que se denomina karo- que participó en el acto ilícito. A menudo, como la kari debe morir antes, el karo aún tiene tiempo para huir. Pero es que al menos a él le queda la posibilidad de compensar al marido deshonrado para evitar la muerte. Para ello, tiene la opción de entregarle dinero, darle otra mujer de su familia, o ambas.

Esta práctica, según denuncia AI, conlleva en sí otros abusos. "Si una mujer rechaza casarse con un hombre, él puede acusar a alguien de la familia de ella de karo y demandarla a ella en compensación por no matarlo. En algunos casos, se llega incluso a matar a una mujer de su propia familia para reforzar la acusación".

La amenaza de ser acusada de deshonrar a la familia se agrava por el hecho de que no se persigue a los autores de las muertes. "La policía casi invariablemente se pone del lado del hombre cuando se produce un homicidio en nombre del honor o un asesinato doméstico, y rara vez se procesa a los culpables", denuncia AI. "Incluso cuando un hombre es declarado culpable, el poder judicial suele garantizar que recibe una condena leve". Esto refuerza la idea de que los hombres pueden matar a las mujeres de su familia, sin temor a ser castigados. Muchos lo hacen públicamente y sin ocultar su identidad, convencidos de que hacen lo correcto.

Según la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán, de los 183 casos de mujeres que murieron calcinadas en Lahore (en la provincia de Punjab) en 1998 por lo que se dijo eran accidentes de cocina, al menos 70 de las víctimas ni siquiera estaban cocinando cuando ocurrió el supuesto accidente. Por estas muertes sólo se produjeron 21 denuncias a la policía, y ésta sólo arrestó a tres personas.

"El Gobierno de Pakistán, a pesar de haber ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, no ha prevenido, investigado ni castigado los homicidios cometidos en nombre del honor", concluye la organización.

Pero es que además la mujer paquistaní no escapa a la amenaza de muerte en nombre del honor en el extranjero. En mayo de este año, un tribunal británico sentenció a una mujer paquistaní y a su hijo a cadena perpetua por estrangular a la hija de ella, Rukhsana Naz, embarazada y con dos hijos, a quien acusaban de haberles deshonrado por mantener una relación fuera del matrimonio.

Con este informe, AI inicia una etapa en la que incluye en sus denuncias las violaciones de derechos humanos en la esfera privada. "Hasta ahora sólo se han tenido en cuenta las que practicaban los funcionarios públicos", explica Esteban Beltrán, director de la oficina española de Amnistía Internacional. Como en el caso de Pakistán, esto permitirá denunciar a "aquellos gobiernos culpables de inacción".

Miércoles, 22 de septiembre de 1999 - Internacional - El Pais
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